Viernes 19 de junio de 2026
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TINTA DE LA CASA

EN EL MOMENTO JUSTO: SHEINBAUM MARCARÁ LA AGENDA POLÍTICA EN BAJA CALIFORNIA
La agenda de la presidenta Claudia Sheinbaum para este fin de semana en Baja California revela una construcción política diseñada para enviar mensajes distintos a cada región del estado, así como a los actores políticos que ya comienzan a mover piezas rumbo a 2027.

No hay que olvidar que la presidenta eligió Baja California justo el fin de semana previo al registro de aspirantes. Eso de ninguna manera es casualidad.

El recorrido inicia en San Quintín con el Plan de Justicia, un municipio que conecta directamente con la narrativa Cuarta Transformación sobre la atención a comunidades indígenas, jornaleros agrícolas y poblaciones que habían sido olvidadas durante el periodo neoliberal.

No es casualidad que el arranque ocurra en el municipio más joven de la entidad y uno de los que representan mayores rezagos sociales. Refleja la visión política del gobierno mexicano.

Al día siguiente, la presidenta se traslada a Tijuana, cambiando el sentido de su visita. La inauguración del CBTis 290 y la entrega de tarjetas de la Beca Rita Cetina colocan en el centro a la educación y a los programas sociales. Aquí la señal se dirige a la dirigida a la ciudad más poblada del estado y, por consecuencia, al que es considerado el principal campo de batalla político en Baja California.

El cierre en Mexicali el domingo se enfocará en la inauguración de la Central de Ciclo Combinado y pone sobre la mesa el tema energético, uno de los proyectos estratégicos del gobierno federal. 

La capital recibirá un mensaje en materia de inversiones, infraestructura y fortalecimiento de la soberanía energética del país. 

Sin embargo, hay otra lectura imposible de ignorar. Mientras MORENA se prepara para abrir los registros de quienes aspiran a encabezar la coordinación estatal de la Defensa de la Transformación, la presidenta recorrerá las tres regiones que concentran el mayor peso político y electoral de Baja California.

Aunque no habrá discursos sobre sucesiones ni destapes, sería ingenuo pensar que no habrá mensajes que pongan orden al proceso interno. El valor de la visita presidencial es tanto político como social.

Las actividades servirán para refrendar quién conduce el movimiento, quién define las prioridades y quién mantiene la capacidad de ordenar el tablero político estatal cuando las ambiciones comienzan a acelerarse. Una visita necesaria en el momento preciso.

En tiempos de definiciones, dicen los que saben de políticas, también las agendas hablan, y ésta en particular habla bastante.
EL GOL QUE LE RECORDÓ A MÉXICO LA FUERZA DE SU PUEBLO
La selección mexicana derrotó por un gol a Corea del Sur y el país entero se reencontró con la fuerza que le dio origen hace dos siglos: el Grito compartido. Todos los mexicanos se encontraron hermanos por una misma emoción: encontrar una victoria que se incruste en el ánimo nacional. 

En esta escena de comunión, nos encontramos con una pausa emocional frente a una vida pública atravesada por el ruido, la tensión y la incertidumbre. 

El gol mexicano, anotado por Luis Romo por un error del portero sucorcoreano, Seung-gyu Kim, fue el epicentro de un alivio colectivo. Luego del triunfo, las calles, los hogares, las plazas y en los restaurantes, la celebración fue protagonista. 

La victoria mexicana no canceló las diferencias entre los ciudadanos, pero por un momento las hizo más ligeras. De esta manera, podemos recordar que, a pesar del sufrimiento y la polarización política, los mexicanos somos una potencia mundial de la alegría, la pertenencia y la esperanza. 

México vive hoy días intensos, presiones desde la Casa Blanca, debates sobre seguridad, funcionarios puestos en duda, conflictos sociales y políticos que buscan el poder el próxmo año. Pero el gol mexicano trasciende esas fisuras y se instala en el corazón nacional para movilizar a todos bajo una sola bandera. 

El fútbol no resuelve lo que la política deja ir, pero sí ofrece una emoción común para los de izquierda y los de derecha. Los jugadores convierten, durante noventa minutos y los festejos posteriores, al fútbol en un idioma que todos comparten y entienden. Bastó una jugada, un gol y una bandera para que millones sintieran que México podía reconocerse sin pelear consigo mismo.

Todo este contraste deja, sin duda, una lección. La alegría no borra las deudas nacionales, pero demuestra que somos capaces de unirnos en una sola voz, la misma que nos liberó hace 200 años, y que hoy acompaña las grandes deudas nacionales del poder para con la gente. Si México puede organizar una emoción colectiva alrededor de un balón, es totalmente capaz de construir acuerdos sobre la paz, la justicia y un futuro digno para los que vendrán. 

México ganó y eso importa. Importa porque el triunfo llega en casa, a ritmo de mariachi, en un Mundial que coloca al país ante los ojos del mundo. El triunfo es relevante porque fortalece el ánimo colectivo y permite imaginar, aunque sea por una noche, una nación menos dividida y más segura de sí misma. Importa porque la esperanza le pone orden al sentimiento nacional. 

La victoria deja una reserva moral, una energía nacional y una señal que, más allá del desencanto y los problemas, vive en un país cuya identidad aún es motivo de fervor y unidad. México ganó en la cancha y esto le dio razón a millones para juzgarse menos y confiar más en lo que, sumados, somos capaces de hacer.